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Cómo delegar: control y autonomía en el liderazgo

Dos colegas intercambian documentos sobre un escritorio

Hubo una época en la que yo pensé que delegaba bárbaro. Mentira. Delegaba, sí, siempre y cuando lo hicieras exactamente como yo lo hubiera hecho. Te decía «resolvelo como vos quieras», pero por dentro estaba pensando «por favor, que lo haga como yo lo haría».

¿Por qué cuesta tanto delegar?

Porque detrás de la necesidad de controlar suele haber miedo.

Yo pensaba que era exigencia, responsabilidad o búsqueda de excelencia. Pero muchas veces, detrás de esa necesidad de controlar había otra cosa: miedo a que algo saliera mal, miedo a quedar expuesto o miedo a que el error del otro terminara siendo responsabilidad mía.

El Eneagrama me ayudó a ver algo incómodo: una fortaleza llevada al exceso se puede convertir en una trampa. Ser ordenado puede transformarse en rigidez, ser responsable en control y la búsqueda de excelencia en crítica permanente.

¿Qué significa delegar de verdad?

Delegar no es solamente darle una tarea a otro: también es bancarte que lo haga distinto.

Lo que yo hacía era disfrazar el control con confianza. Y ese disfraz es peligrosísimo, porque nadie te lo discute, ni siquiera vos mismo. Después me quejaba de que la gente no tenía iniciativa. Hasta que me di cuenta de que no era el otro: era yo, que no podía soltar del todo.

¿Por qué tu equipo no toma la iniciativa?

A veces, porque sin darnos cuenta le vamos sacando esa iniciativa.

Hay una contradicción que veo muchísimo entre los líderes. Todos queremos equipos autónomos, que tomen la iniciativa, que decidan y que resuelvan. Pero cuando alguien toma una decisión distinta a la que hubiéramos tomado, empezamos con «¿por qué hiciste esto?», «¿por qué no me preguntaste?», «yo lo hubiera hecho así».

Cada vez que criticaba o corregía una decisión de mi equipo, lo único que hacía era entrenarlos para que dejaran de decidir. Y después nos quejamos de que, si no estamos, nadie resuelve. Pedir autonomía es fácil: lo difícil es aceptar que el otro haga las cosas a su manera.

¿Cómo saber si estás ayudando o interviniendo de más?

Preguntate si realmente te necesitan o si vos necesitás sentirte necesario.

Muchos líderes dicen que están cansados de resolverle todo a todo el mundo. Pero cuando alguien empieza a resolver las cosas sin ellos, preguntan «¿qué pasó?, ¿cómo lo hicieron?, ¿por qué no me dijeron?», y vuelven a meterse. Ayudar a alguien también significa aprender a dejar que el otro pueda sin vos.

¿A quién le delegás cuando algo queda pendiente?

Hay líderes que terminan castigando a quienes mejor trabajan. Tenés a alguien que no cumple y a otro que siempre responde y nunca dice que no. ¿A quién le pedís que resuelva lo pendiente? Al de siempre. Y ese «sí» no siempre significa que puede: a veces significa que tiene miedo de fallarte.

Por eso, antes de volver a pedirle algo, preguntate: ¿estoy recurriendo a su compromiso o estoy haciendo que pague por el incumplimiento del otro?

¿Qué preguntas pueden ayudarte a soltar?

  1. ¿Qué aparece en mí cuando no puedo controlar?
  2. ¿Qué me da miedo que pase si suelto un poco?
  3. ¿Le expliqué qué espero y para qué, o solo cómo lo haría yo?
  4. ¿Estoy corrigiendo un error o una manera distinta de hacerlo?

Comprender el patrón ayuda a diseñar prácticas de delegación más conscientes, además de revisar procesos y responsabilidades. Si es algo que querés trabajar, podés conocer las lecturas individuales o el trabajo con líderes y equipos. Y si recién te ascendieron, quizás te sirva esta nota sobre cómo ser un buen líder.

Retrato de Marcos Oliva

Marcos Oliva

Más de 25 años liderando personas en hotelería internacional. Integro Eneagrama y Coaching Ontológico para acompañar a personas, líderes y organizaciones.

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