Tu equipo no está desmotivado, está desconectado. Lo veo todo el tiempo: colaboradores que vienen a trabajar en automático y hacen lo mínimo indispensable. Falta proactividad, falta entusiasmo. Y no es porque sean vagos.
¿Por qué se desconecta un equipo?
Muchas veces, porque su propósito personal se desconectó del propósito de la organización.
Tuve un gerente de recepción enfocado en la excelencia, en cuidar los procesos y en la mejora constante, y lo vi apagarse poco a poco cuando entendió que vivía apagando incendios todo el día, sin poder proyectarse para seguir creciendo.
También vi a un colaborador muy creativo, con ganas de darle un toque auténtico al servicio, enfrascado en procesos tan rígidos que no le dejaban expresar nada de eso.
¿La claridad también motiva?
Sí. Muchos equipos creen tener un problema de actitud y tienen un problema de claridad.
Cuando alguien entra a un puesto y nadie le explica bien qué se espera de él ni cómo se va a evaluar su trabajo, aparece el miedo a equivocarse. Si además le piden resultados, pero no le dan las herramientas para lograrlos, llega la sensación de estar apagando incendios todo el día.
Cuando las expectativas quedan claras, muchas discusiones cambian de tono. Lo conté en esta nota sobre conflictos en el equipo.
¿La gente se va solo por el sueldo?
No suele ser el único motivo: la falta de coherencia también pesa.
Después de 25 años liderando hoteles, lo vi una y otra vez, en distintos hoteles y países: un buen colaborador se da cuenta enseguida cuando no hay coherencia. Por eso, a veces, alguien se va incluso a un trabajo con menos sueldo, pero con más coherencia.
Esto no quiere decir que el sueldo no importe. La rotación también depende de salarios, condiciones laborales, oportunidades y otros factores que hay que analizar sin simplificaciones. Como digo muchas veces, la gente no renuncia al trabajo: renuncia a cómo se siente en el trabajo.
¿Más capacitación mejora la motivación?
No siempre: a veces lo que falta no es capacitación.
Vi el caso de un hotel de lujo en México donde el corporativo insistía todo el tiempo con capacitaciones para el personal nuevo, pero el servicio no terminaba de ser fluido y el ambiente vivía en tensión constante. Lo que faltaba eran herramientas adecuadas, personal, un líder claro en el departamento y estándares que no cambiaran todo el tiempo. También faltaba asertividad al pedir las cosas y claridad al delegar responsabilidades.
Cuando no hay coherencia entre lo que se exige y cómo lograrlo, el equipo lo siente enseguida.
¿Qué cosas desmotivan sin que el líder se dé cuenta?
- Mirar solo lo que falta. Exigir puede hacer crecer, pero hacer sentir que nunca es suficiente puede conseguir lo contrario.
- Cargar siempre al que cumple. Muchas veces no se lo pedís porque confiás en él, sino porque es más fácil que sentarte a hablar con el que no cumple. Así, no resolvés el problema: se lo trasladás.
- Minimizar lo que el otro siente. Si alguien te dice que está agotado y le respondés «peor sería no tener trabajo», probablemente la próxima vez no te cuente nada.
- Imponer siempre tu opinión. Si cada vez que alguien piensa distinto terminás imponiéndote, no lográs que te den la razón: lográs que dejen de opinar.
¿Qué podés preguntarte como líder?
- ¿Esta persona sabe qué espero de ella y cómo voy a evaluar su trabajo?
- ¿Tiene las herramientas para lograr lo que le pido?
- ¿Sé qué quiere lograr de verdad y qué le genera frustración?
- ¿Estoy ayudando a mejorar o solamente señalando lo que falta?
Si querés mirar esto en tu equipo, podés conocer el trabajo con líderes y equipos de empresa o la propuesta para hoteles.